lunes, noviembre 30, 2009

Autoescuela

Peneirar

Joäo Marchante publicó en su blog esta perla: Depuração rima com repetição. Ou seja: há que peneirar, peneirar, até restar apenas o essencial (Depuración rima con repetición. O sea: hay que tamizar y tamizar hasta que quede apenas lo esencial).

jueves, noviembre 26, 2009

Sobre el método

Sobremesa del jueves veintiséis. Radio. Julia Otero y Arcadi Espada comentan la actualidad, que viene marcada por la editorial de los periódicos catalanes, doce —apostolado de pesebre—, sobre la demorada sentencia del Tribunal Constitucional a propósito del estatuto. Hay en estas charlas entre la locutora radiofónica Otero y el periodista Espada una pose dramática que supongo que a nadie se le escape. Un reparto de papeles. Cultivan ambos un aire de actores divos. De esos a los que se les suele ir la mano con lo del método Stanislavsky. Ella metida en el papel de “yo dirijo esto y además le he contratado a usted, lo que me otorga este estatus de desparpajo y suficiencia con el que digo lo que pienso sin pensar lo que digo, luciendo, además, palmito altisonante y vestido chiné”. Y él en el de talludito enfant terrible, con argumentos brillantes y desplantes de torero figura, de los que se abren la taleguilla por enseñarle al bicho por dónde cae el hígado, mientras miran por encima del hombro al tendido y al resto del escalafón. No era plan acompañar el café y el digestivo con tal representación. Así que puse en off lo que en on resultaba ruido. Con pena, que por detrás de la pose del Espada, le encontraba uno a lo que decía la sensatez que el momento pide. Lástima que le pierda el método o le pongan tan jactanciosamente agreste las réplicas de la Bella Otero.

miércoles, noviembre 25, 2009

Libe diem

Hace unos días tan sólo me permití una pequeña maldad con un amigo. Le envié un viejo artículo, sin firma, de uno de sus pensadores predilectos. Su respuesta fue épica. Lo menos que llamaba al responsable del escrito era “indecente”. Cuando le desvelé de quién era lo remitido, no daba crédito a la autoría. Viene a cuento esto porque ayer escuchaba con enorme placer algunos temas que tenía casi olvidados de un cantante al que admiré años atrás y que he venido en los últimos tiempos apartando de entre lo que uno prefiere por parecerme absolutamente rechazables sus opiniones políticas. El precio de la fama no es principalmente, como pudiera pensarse, perder la anonimia en medio de la calle; el precio de la fama es ofrecerse, como las monedas, por ambas caras y es también dejarse a la vista, al tiempo, lo que se es y lo que se fue. En tales condiciones uno mismo llegaría, muy probablemente a ser un indeseable a sus propios ojos. Quién no se absuelve de lo que un día se avergonzó. Quién no deja a la sombra su propia cara oculta de la luna. La coincidencia en el gusto o la opinión es flor que se marchita. Líbese la dicha del instante y pétalos al viento.

jueves, noviembre 19, 2009

Del y de lo magnífico

Me había propuesto no hablar de lo que ocurrió ese día. Por un ataque de dignidad quizás mal entendida. Aclaro que debe interpretarse ésta en un doble sentido. Me explicaré. Por un lado, porque es bastante humillante relatar que a uno lo convocaron una tarde en una librería de su ciudad para firmar libros y que durante una hora —en la que permaneció semiescondido por entre estantes y columnas, casi camuflado— no extrajo de la americana ni una sola vez el bolígrafo que, previsora pero ingenuamente, se había procurado para la ocasión. Y por otro —y en sentido opuesto—, porque no queda bien alardear de que la presentación de su libro, unos instantes sólo después de la lección de humildad con que el trámite de las firmas me había fustigado y apenas a cien metros de distancia del lugar de dicho oprobio, la hizo un magnífico escritor (Ricardo Menéndez Salmón) con comedimiento y -espero- sinceridad, y que uno estuvo rodeado de familiares y amigos, y que salió del trance, cree, honrosamente. Hubo luego cuchipanda y bebercio, charla y risas. Y buena prueba de que la cosa se terminó con alegría es que cuando lo serio dio comienzo, en la mesa al efecto, con mucho rango, orden y cera mutua, al Rector, que presidía, se el antepuso el tratamiento que el protocolo requiere: “Magnífico”. Y que cuando a todos nos distendió el compartir copa y mesa, el dicho tratamiento dejó de ser tal para convertirse en una interjección: ¡Magnífico!, que hacia justicia a la maña con que el Rector descorchaba el rioja. (No sé si es una indiscreción canalla lo que cuento, pero, en todo caso, el libro que se presentaba, recuérdese, lleva por título Letras canallas.)

viernes, noviembre 13, 2009

Anacoluto y sarcasmo

El menguado arrojo de los tímidos se enreda siempre en anacolutos.

El sarcasmo es una carcajada que muestra sin pudor el sarro del alma.

miércoles, noviembre 11, 2009

Cucurrabucu

A uno, que curtió su infancia y adolescencia en bares de serrín y pincho de tortilla reseca, aún le imponen mucho las fruslerías competitivas conque los cocinillas de la ciudad se baten el cobre cuando concursan por el favor de clientela y jurado en los certámenes de tapas cada vez más al uso. El último fue la semana pasada. Y justo el viernes, a esa hora fronteriza entre los días laborales y el asueto del week-end, en torno a las dos y media, cuando J. y un servidor solemos compartir vino y charla en el Cucurrabucu, Ana —dudo que haya alguien más encantador tras los mostradores de esta ciudad— nos invitó a degustar el invento que para la ocasión ideó Jaime, su media naranja —ese tipo que aparentemente trae consigo siempre, como decía Baricco de un personaje de Seda, la indestructible calma de los hombres que se sienten en su lugar—. Pues bien, la cosa llevaba por nombre: ¡Ostrás! Y por ingredientes: ostra, merengue crujiente de algas, puré de calabaza, pimienta rosa y eneldo. Vamos, auténtica tetilla de novicia (si aún se dan las vocaciones por los pueblos costeros y se orean el escote a la rosa de los vientos las sores en ciernes). Hemos venido a saber hoy, con mucha alegría, que el pincho del Cucurrabucu ha ganado el primer premio del Gijón de pinchos 2009. Dijo el jurado que por combinar con acierto «riesgo, dificultad técnica y equilibrio». A uno lo que de verdad le gustó fue ese sabor fuerte a pedrero y yodo que se llevó agarrado como una llámpara al paladar el viernes camino de casa. Qué bueno -el premio y el pincho-.

domingo, noviembre 08, 2009

La piscina

Qué fin de semana tan lluvioso. Apenas si da tregua el temporal. Ha enfriado también y el cielo mantiene una opacidad sucia. Leo a Modiano. Pasea su melancolía escueta a orillas de un lago. En el verano. Refugiado en un hotel decadente de huéspedes añosos. Leo a Modiano y pienso en Cheever. En su nadador. De piscina en piscina. Compartimentos de agua azul en un laberinto que lleva a lo triste. Pienso en Cheever porque hoy me gustaría nadar. Oigo a través de las paredes el bisbiseo acuoso de los canalones. Vuelvo la vista a las ventanas. La lluvia, su consistencia de cortina ligera, se mueve al ritmo de las ráfagas de aire. Me da pereza echarme a la calle camino de la piscina. No sé incluso si merece la pena el esfuerzo de la brazada. El ritmo forzado de la respiración. Al final, me incorporaré cansado, torpe sobre las sandalias de goma, encogido quizás de frío, solo bajo las luces blancas que iluminan la cubeta, las corcheras de colores, las cristaleras perladas de lluvia. Quién sabe, además, si al volver a casa el mundo se habrá vuelto distinto e irreconocible.

viernes, noviembre 06, 2009

martes, noviembre 03, 2009

Por ver lo que pienso

Me preguntaron hace días sobre la distinta manera de afrontar la escritura de poesía y narración. Salí del paso algo torpemente. Decía José Emilio Pacheco: “Después de cada entrevista, me quedo pensando: ¿por qué no le dije esto...? Debería haberle dicho aquello otro... Ten en cuenta que yo estoy acostumbrado a escribir, a ver lo que pienso. Y si no veo lo que estoy diciendo, ¿cómo puedo pensar?”. Así se quedó uno. Luego le di vueltas al asunto. Creo que los poemas se nos imponen y las narraciones se exponen. Que el poema va de la imagen a la idea y el relato de la idea a las imágenes. Que en el poema nos ponemos lupa de orfebre y en la narración mono de trabajo. Que el poema no busca lectores, los encuentra por empatía; y que en la novela, en cambio, nunca se pierde de vista, mientras se escribe, al probable receptor de su trama.